jueves, 25 de septiembre de 2008

Insonmi i estat crepuscular

Una vez más llego al punto en que no sé ni la hora que es en medio de la noche de una jornada de guardia. El punto en que puedo decir cualquier cosa sin ser consciente de ello.

La historia de cómo llegué a entrar a escribir un nuevo post durante la guardia puede ser larga de contar, y se resume en una batalla contra los hados de la informática sumida en un estado crepuscular que mañana me hará olvidar estos momentos.

Tal vez por eso escribo, para recordar que estuve despierta a estas horas intentando hacer algo productivo.

"Llevo 32horas sin dormir, ¿te opero?" (éste, era el lema de una campaña de los residentes por el descanso postguarida) en mi caso sería... llevo 23horas sin dormir (ayer me desperté a las 6.30h) ¿Te hago una cesárea?.

lunes, 22 de septiembre de 2008

La capacidad de sorprenderse

Cada vez vivimos más deprisa y cada vez nos sorprenden menos las cosas grandiosas que nos da la vida...

El otro día, tras atender un parto me preguntaron si no me emocionaba ante tal maravilla. La pregunta me sorprendió, y conociéndome, más me sorprendió la respuesta: "Es mi trabajo"

Hace muchos años ya, leí "El mundo de Sofía" de Jostein Gaarden, creo recordar que los filósofos le explicaban a Sofía que cuando nos hacemos mayores, es como si perdiesemos la capacidad de sorprendernos y por tanto la capacidad de analizar, entender y disfrutar aquello que nos rodea (o algo así).

Estamos tan acostumbrados a ciertas cosas que no sabemos apreciar lo que nos rodea, y hoy, en la época de la Mas Media, con el mundo entero a un click de ratón, ya casi nada nos sorprende. Pocas visiones o sonidos son novedosos a nuestros ojos. Tal vez sea el "Seny" que me gobierna, pero hace tiempo que no me sorprendo o emociono con una situación o visión.

Como rezaba un anuncio del Audi A8: En 1817 el joven novelista francés Stendhal visitó la ciudad de Florencia, nada le había preparado para la acumulación de tanta belleza. Entró en la monumental iglesia de la "Santa Croce". De repente se sintió aturdido, sufrió una ligera desorientación, palpitaciones y una intensa sensación de falta de aire y tuvo que salir. Hoy en día, a estos sintomas se le conocen como síndrome de Stendhal";
E
n palabras del propio Stendhal "Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme"

En 14 días marcho de viaje a Israel y a Jordania. Además del síndrome de Sthendal, hay otro síndrome descrito: El síndrome de Jerusalem. Este síndrome es mucho más exagerado, porque los afectos por la belleza y toda la historia contenida en una ciudad, creen ser personajes bíblicos.

Dudo muchísimo que me pueda afectar algo parecido, ahora bien, sí deseo que se me erice la piel con imágenes como esta:

martes, 2 de septiembre de 2008

Vasopresina e infidelidad masculina

La sección de ciencia de "elmundo.es" no sorprendía hoy con esta noticia:

ESTOCOLMO.- Ahora parece ser que la culpa de la infidelidad de los hombres la va a tener un gen, el alelo 334, que gestiona la vasopresina, una hormona que se produce naturalmente, por ejemplo, con los orgasmos, según un estudio del Instituto Karolinska de Estocolmo.

De ahí que los hombres dotados de esta variante del gen sean peligrosos para una relación estable -algunos y algunas ya lo sabían por experiencia-, pero ahora lo ha constatado el estudio de los científicos suecos.

Si los cuernos siempre han tenido excusas, a partir de ahora hay una que cuela: "Cariño, la culpa la tiene el alelo". Y es que el alelo 334 se encarga del receptor de la arginina vasopresina, que es una hormona básica y que está presente en el cerebro de la mayoría de los mamíferos, según esta investigación.

El descubrimiento radica en que "es la primera vez que se asocia la variante de un gen específico con la manera en que los hombres se comprometen con sus parejas", explicó Hasse Walum, del Departamento de Epidemiología Médica y Bioestadística del Karolinska y uno de los responsables de la investigación.

El análisis se llevó a cabo durante al menos cinco años con parejas heterosexuales -más de 1.000, de las cuales 550 eran gemelos- que confesaron en test psicológicos si se sentían felices, cómo era su convivencia, si reían o besaban a menudo y sobre el futuro de su relación.

Y el resultado fue que los hombres con el alelo 334 -dos de cada cinco en este estudio- afirmaron tener lazos menos fuertes con sus esposas y, además, éstas reconocieron que se sentían menos satisfechas con sus cónyuges que las que se casaron con hombres sin esta variante genética.

Se da la circunstancia -revelada por el estudio- de que los hombres 'dotados' con dos copias del alelo 334 han tenido en su vida más crisis de pareja y sus esposas afirmaron que están más insatisfechas.

Walum indicó que la influencia de los niveles de la hormona vasopresina y las relaciones sociales es "modesta" e insuficiente para predecir de forma exacta el comportamiento futuro de un hombre en una relación de pareja, ya que ahí intervienen otros factores socioculturales.

La promiscuidad de los hombres

Los hombres con el alelo 334 "no significa necesariamente que estén menos capacitados para el amor, sino que se trata más bien de una limitación en la capacidad social", matizó Wallum. Aunque, según el científico, esto no equivale a estar "condenado" a fracasar en una relación de pareja, pero sí a que aumente la probabilidad de que ocurra y de que sea más infiel.

La investigación sobre la promiscuidad masculina comenzó con un estudio sobre el comportamiento de los ratones de campo machos, que son monógamos según sea la recepción de la vasopresina en su cerebro.

El receptor de esta hormona está conectado con el sistema de recompensas del cerebro, de modo que se muestran un estado positivo cada vez que tratan con una ratón hembra de campo y se aparean.

Esto que les pasa a estos ratones se parece mucho a los hombres, pero según los científicos del Karolinska -donde cada año se elige el ganador del Nobel de Medicina- es tan sólo una especulación.

Este hallazgo, más allá de excusar a los hombres infieles, se prevé que servirá en un futuro para ayudar en la investigación de patologías caracterizadas por presentar dificultades en las relaciones sociales como el autismo o la fobia social, indicó el investigador.


Conclusión, que los hombres infieles son unos mutantes, que la culpa de todo la tiene el alelo, y que como popularmente se dice "muerto el perro, se acabó la rabia". Vamos, que conociendo dónde está el fallo, se puede solucionar con algo exógeno (algo así como una píldora de la fidelidad) o si no, .. viva la eugenesia...

o tal vez, mejor dejar el mundo como está