miércoles, 14 de enero de 2009

Perigeo

Recuerdo una luna gigante, y la silueta de una ciudad amurallada con cúpulas y campanarios. Recuerdo el estomago lleno y las piernas descansadas después de una semana de caminatas eternas, y una dieta a base de pita y queso (pita y queso)

Recuerdo a la luna llena en su perigeo y un cielo diáfano, y una paz que en aquel momento olvidé que era efímera. Olvidé el odio entre vecinos, y me perdí en un momento de piel erizada ante una imagen irrepetible.

Todos durmiendo bajo un mismo cielo, todos amando la misma tierra, todos rezando a un Dios que clama por la paz y a la vez tanto odio contenido.

Dos meses y medio después de aquel recuerdo todo se emborrona por la ensoñación del ruido de las bombas a no demasiados quilómetros, y los destellos de las explosiones, y los que son capaces de matar (y matarse) en nombre de Dios.

¿Dios?, ¿qué dios permite eso?

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