domingo, 10 de mayo de 2015

París: Touché

Por motivos que no vienen al caso (i.e.  Un congreso), esta semana he ido por primera vez a París. Un tiempo excelente, buena compañía (aunque, no la soñada, pq el padre de mis criaturas se quedó ejerciendo de eso, de padre), buena comida... y tiempo libre (robado a la ciencia) para pasear por calles, callejuelas, parques, quais...

El viernes,  día festivo por las celebraciones de los 70 años del armisticio de la 2ª guerra mundial, volviendo desde el Sena al hotel localizado en Montparnasse, las calles bullían de actividad nocturna, ambiente que recordaba a la Latina en Madrid o a la calle Castaños de Alicante. Una escena me dejó la sangre helada y el corazón contraído... una madre de unos treintaitantos se acostaba en unos cartones, tapada con una manta, y abrazaba a su hija (de un año y medio- dos años) que se acurrucaba contra su pecho... La escena que vivo cada noche, pero en otras personas,cambiando techo por cielo y colchón por suelo.

Las calles de parís están llenas de indigentes. Algunos duermen al raso, otros en tiendas de campaña. No sé de política francesa, ni de cómo se cuecen  las cosas en el país vecino... Lo que no entiendo es cómo la sociedad permanecía como si nada, con sus copas y sus conversaciones, trascendentales o no,  ante aquella escena. Qué mal lo habría pasado esa madre, y qué mal lo pasará esa niña. Qué mal debe estar una sociedad que esa imagen no le asombra. Que no tiene mecanismos para que madre e hija no pasen sus días y noches al raso.

Comenté mi horror a mis compañeras de paseo, que me contestaron con algo parecido, a que mucha de esta gente no quiere ayuda, no quiere acudir a albergues ni saber de los servicios sociales.
Comenté mi horror a mis compañeros de desayuno del día siguiente, cuya respuesta fue algo parecida.
Comenté mi horror a mis compañeros de comida del día siguiente, misma respuesta fue lo que obtuve.

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