jueves, 20 de marzo de 2014

Cosas de Crianza o cómo llegué a ser una MalaMadre

Domingo por la mañana en un semáforo de mi barrio,  se me acercan tres niños de unos 3, 5 y 7 años, dos niños y una niña (la mayor), los tres exquisitamente conjuntados...
Se asoman sin pudor al interior del carrito para ver su contenido y la niña  de 7 años se arranca a hablar con maneras de señora de 70:
-Cuántas semanas tiene?
-Cuatro- contesté. Podría haber preguntado si es un niño o una niña, su nombre, si es buena... pero no, la primera pregunta es la edad... y en semanas,... ¿será hija de ginecólogos? (los ginecólogos contamos el tiempo en semanas)
-Ah, y... ¿La habéis bautizado ya?
-...WTF?! O_o

Si hace un año alguien me hubiese preguntado qué es la crianza le habría contestado sin dudar por un momento que se trata de un tipo de vino.

Para aquel que no lo sepa, el tema de la crianza es como la asignatura de filosofía de COU. A decir verdad, tiene más teorías, más dispares y opuestas que la asignatura de Filosofía... que cuando creías que entendías (y hasta compartías) los pensamientos de un filósofo, venía otro y te descolocaba hasta tal punto que ya no sabías ni si tu nombre era cierto.

Hoy en día, estamos acostumbrados a leernos el manual de instrucciones hasta de una linterna de los chinos y se pide carné y título para cualquier actividad que quieras realizar... en cambio, tienes una criatura y nadie te explica cómo cambiar un pañal, cuándo y como ponerle crema en el culo, cómo se baña a la criatura, qué es cada pieza de ropa y en qué orden se ponen, cómo hacer que duerma o el más difícil todavía: cómo y cuándo alimentarla.


Sí, ya lo sé, "Lactancia Materna a demanda",... lo que no es tan fácil es cómo saber que la criatura "demanda".

Debo agradecer a internet y a madres molonas que dedican su escaso tiempo a escribir blogs que explican en sencillo las cosas básicas que la gente da por sentada que  sabes desde el mismo momento en que el test de embarazo marca  dos rallas.


Pero si la vestimenta y los gadgets del bebé son complicados, podéis imaginar que "la crianza" no destaca por su sencillez. 
Resumiendo mucho, el asunto va desde aquellos que abogan por dejar que los instintos del bebé sean los que lleven la voz cantante en todo lo que a su educación se refiere, hasta los que prefieren utilizar métodos propios del encantador de perros... 

Son maneras muy dispares de entender cómo hacer que los niños duerman, coman, hagan sus cosas... pero todos tienen algo en común: cada autor de libros, cada madre con ganas de hablar, cada señora de barrio... está convencido hasta la médula de que su manera de criar es la mejor. Y generalmente la defienden, la justifican y muchas veces desmerecen otras manera de hacer las cosas.

Al principio, después de tener a Claudia, buscaba ávida de información cosas de crianza, escuchaba lo que decía la gente y... peor aun, me dejaba influenciar hasta tal punto de sentirme mal muchos días por no hacer las cosas al gusto de todos. Me sentí juzgada por mi misma si la niña lloraba y no la podía coger inmediatamente en brazos (porque creía que si no la cogía le generaría un trauma con secuelas en su personalidad de por vida), si no la metía en la cama conmigo a colechar (porque para muchos, colechar es lo más sano y natural y que genera más "vínculo" y amor y mariposas y florecitas, pero a decir verdad ninguna de las dos dormíamos), o si me pasaba horas con la teta fuera porque no sabía interpretar cuándo la niña demandaba (y me decían que la teta se convertiría en su chupete).

Todo ello hasta que comprendí que no hace falta seguir al pie de la letra los dogmas de la "crianza con apego" para dar a tu hija cantidades ingentes de amor, ni hace falta generarle "rutinas" estrictas para tener una bebé que duerma bien, ni hace falta sentirse juzgada por las señoras que te dicen que le des de comer si te ven con la criatura llorando por la calle.

Comprendí que siempre habría quien viera que mi forma de tratar con mi bebé sería de Mala madre (para su manera de ver las cosas), así que... tomé la decisión más madura que pude, adquirí el gadget fundamental de toda madre primeriza:
Y decidí unirme al Club de las Malasmadres:


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